Hemingway

Hemingway, ese tema enorme, como un iceberg, como un polo,  un territorio y a la vez un magnetismo. Alguna vez tuve una manera de pensar en la literatura que era así: la literatura es todo el espacio y la tensión que pasa entre algo que se podría llamar Hemingway y algo que se podría llamar Faulkner. Ese algo puede ser una figura imaginaria o un territorio. Me lo digo más como una curiosidad que otra cosa, una foto de algún pasado, perdida por ahí, una época en la que muchas cosas eran diferentes.

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En una biblioteca que ya no existe, cuyos restos yacen en el ICANA de Capital, leí hace unos quince años un librito titulado Hemingway on Writing, una suerte de ayudamemoria de todos esos momentos en los que Hemingway rompía su regla, la capa de hielo, y la escritura sobre la escritura salía bien visible a la superficie.  El librito no es más que una colección de citas, sin explicaciones ni aclaraciones (salvo el silencio: categorías, criterio de selección), y junto con otro de Faulkner (Faulkner in the University, a su modo bien distinto también un libro de citas textuales) me persiguieron la imaginación durante tiempo. El de Faulkner lo conseguí hace unos pocos años, el de Hemingway aún no; aunque jamás estuvo fuera de circulación, es una figurita más difícil. Más

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David Markson: “Escribes como escribes porque tienes que hacerlo, porque así es como eres”

Como nunca sé ni dónde-cuándo estoy parado en el tiempoespacio, no me intereso mucho por el aquí-y-ahora. Pero una serie de coincidencias que no podría reconstruir me llevó a encontrarme, casualmente, con que un tal David Markson existió felizmente hasta hace unos tristes días atrás, y que escribió novelas maravillosas, o juegos que parecen novelas o que funcionan dentro de una novela, no estoy seguro aún, pero que muero por leer. Hasta donde sé, sólo “La amante de Wittgenstein” está traducida al castellano. No debería sorprender un aluvión Markson, y no debería incomodarme ayudar a provocarlo. Así que juego con la idea de traducir algo de lo que resta, en especial “Esto no es una novela”.

Pude leer las primeras páginas en Amazon.com (1) y se ve que vienen de esa magnífica tradición narrativa inglesa del siglo 18, de Sterne, de Swift, que luego pareció desaparecer en el 19 tardío (pero se la ve, ocasionalmente, en lo mejor que produjo: Moby Dick y Huck Finn, probablemente en este orden, y ya en otro territorio) y luego (gran salto espacio-temporal con sus inicios) que resurge durante el 20 tardío con Donald Barthelme, John Barth, y otros incómodos de ubicar en una cultura dominada por La Gran Tradición Realista.

So.  Thinking about David Markson’s ironically-titled novel This Is Not A Novel (2001), which begins with an epigraph from Jonathan Swift’s A Tale of a Tub (1704): “I am now trying an Experiment very frequent among Modern Authors; which is, to write upon Nothing.”(2)

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Fogwill

Es automático. Leo a Fogwill en modo ciencia-ficción. Espero encontrar la manera de decir lo que intento decir; no sé si vaya a lograrlo. Como lector ocasional de ciencia ficción, no me interesan las predicciones. Por suerte, me tiene absolutamente sin cuidado que un autor logre o no predecir avances tecnológicos sobre los futuros que ya se hicieron presente. Lo que obtengo de la ciencia ficción no pasa nunca por las predicciones y sus juguetes. No creo que ni el género (me) pase por ahí.

Fogwill

Con Fogwill es distinto. (Frase para una campaña?). Fogwill es un escritor del presente puro, de un presente histórico. Sarlo ya lo dijo (1), pero lo que busco decir es algo distinto, espero. Fogwill entiende perfectamente que cuando él termina de escribir un texto, está creando el pasado, una lectura del pasado que involucra al lector mismo. Predice cómo vamos a leer eso que ya está empezando a ser el pasado. Por ejemplo, me gusta su siguiente truco, que espero que haga a propósito cada vez: en muchísimos cuentos menciona cifras de guita muy exactas, que hoy (sea cuando sea eso, el único presente es el presente de la lectura) nos suenan extrañas, distantes: estadísticas de una época irrazonable. Qué significa que un psicólogo gane mil, mil quinientas lucas al día? Fogwill confía en su escritura y en que siempre va a haber devaluación para saber que el presente puro, cuando sea leído, va a sonar irreal, desterritorializado, absurdo, y que el pasado pone en crisis al presente. El pasado se convierte en un dato extravagante y en el núcleo de una lectura que sí se materializa de un modo u otro. En ese changüí entre lo exacto y lo meramente actual, habita una predicción.

“Lo que pasa es que “Los Pichiciegos” es un libro concebido desde cierta inmediatez que también quería ser una intervención. No solamente lo escribís pegado a los hechos, sino que también estás queriendo que el libro salga lo más pronto posible” (2).

Fogwill hace predicciones sobre el presente, predicciones que no dejan frío a nada ni a nadie, precisamente porque sabe que la historia, la verdadera historia sobre el presente, se lee y se escribe en el futuro, es decir hacia el futuro. Más

Escritores del mundo

Ya está por aparecer el tercer número de esta revista literaria online. Escritores del mundo es una propuesta muy interesante con textos breves de una variedad de escritores contemporáneos.

Escritores del mundo

“A mediados de 2009 empezamos a pensar esta revista-blog desde distintas ciudades, y a veces sin tener otro contacto que el intercambio de mensajes en pantalla. Así fue cobrando forma ESCRITORES DEL MUNDO, un espacio donde se cruzan autores de variadas generaciones, tendencias estéticas, géneros y países en diálogo sobre lo que hacen en el mundo que los hace mientras escriben.”

Pasá por allá.