Fogwill

Es automático. Leo a Fogwill en modo ciencia-ficción. Espero encontrar la manera de decir lo que intento decir; no sé si vaya a lograrlo. Como lector ocasional de ciencia ficción, no me interesan las predicciones. Por suerte, me tiene absolutamente sin cuidado que un autor logre o no predecir avances tecnológicos sobre los futuros que ya se hicieron presente. Lo que obtengo de la ciencia ficción no pasa nunca por las predicciones y sus juguetes. No creo que ni el género (me) pase por ahí.

Fogwill

Con Fogwill es distinto. (Frase para una campaña?). Fogwill es un escritor del presente puro, de un presente histórico. Sarlo ya lo dijo (1), pero lo que busco decir es algo distinto, espero. Fogwill entiende perfectamente que cuando él termina de escribir un texto, está creando el pasado, una lectura del pasado que involucra al lector mismo. Predice cómo vamos a leer eso que ya está empezando a ser el pasado. Por ejemplo, me gusta su siguiente truco, que espero que haga a propósito cada vez: en muchísimos cuentos menciona cifras de guita muy exactas, que hoy (sea cuando sea eso, el único presente es el presente de la lectura) nos suenan extrañas, distantes: estadísticas de una época irrazonable. Qué significa que un psicólogo gane mil, mil quinientas lucas al día? Fogwill confía en su escritura y en que siempre va a haber devaluación para saber que el presente puro, cuando sea leído, va a sonar irreal, desterritorializado, absurdo, y que el pasado pone en crisis al presente. El pasado se convierte en un dato extravagante y en el núcleo de una lectura que sí se materializa de un modo u otro. En ese changüí entre lo exacto y lo meramente actual, habita una predicción.

“Lo que pasa es que “Los Pichiciegos” es un libro concebido desde cierta inmediatez que también quería ser una intervención. No solamente lo escribís pegado a los hechos, sino que también estás queriendo que el libro salga lo más pronto posible” (2).

Fogwill hace predicciones sobre el presente, predicciones que no dejan frío a nada ni a nadie, precisamente porque sabe que la historia, la verdadera historia sobre el presente, se lee y se escribe en el futuro, es decir hacia el futuro. Fogwill es el primero que sale a la cancha y se hace dueño de la pelota porque, nos guste o no, está entre los más lúcidos y también entre los más rápidos, pero sobre todo, por suerte, entre los más lúcidos. Sus relatos se escriben en el presente, en caliente, mientras la cosa en sí está durando, o esa es la sensación que transmiten. Supongo que por eso será que cada texto de sus Cuentos completos termina con una fecha, que corresponde a la finalización de la escritura pero también al cuento en sí. La lucidez de Los pichiciegos , esa versión incomparable de “La madriguera” de Kafka y también de Moby Dick, es un sol de frente. Toda la novela parece recorrida por un grito de guerra: la guerra es la única salvación (lso grupos están fragmentados, no terminan de ser colectivos o subnacionalidades y ni siquiera como organizaciones clandestinas se salvan del caos y la individualidad; ya la anécdota de que “hundimos” un barco, “Mamá hundió un barco”, es una resistencia a cualquier versión espectacular y mundialista del nacionalismo, de “lo nuestro”); ahora que todo está perdido, que toda oposición está vencida en este país tomado, perder esta guerra es la única manera de terminar con el proceso.

No es la edición que tengo

Esta guerra se aparece como una ironía tremenda, absurda, un talón de Aquiles del tamaño de dos islas enteras, que hay que saber aprovechar. Y los pichis saben aprovechar, es una especialidad que tienen los Reyes Magos. La historia del presente no tiene nada que ver con la historiografía que van a traer los manuales, los bandos coherentes, los nacionalismos unidireccionales, sino con una red, o un enredamiento del individuo, un amasijo de individuos (y siempre, siempre, de un narrador) en la historia en estado puro y en flujo. Ahí, el impulso de anticiparse a otras lecturas que se sabe que van a suceder, y de ahí su estado de para-cultura, de algo que comparte algunas aristas con la ciencia ficción.

Los pichiciegos también existen

En cada relato de Fogwill me pasa eso (y de ninguna manera busco implicar que es su mayor logro; más bien, un efecto curioso): percibir más o menos de fondo la historia en su estado puro, en flujo, el presente exacto de la historia, el proceso de enfriamiento al pasar de historia a historiografía. Cualquier movimiento que realice un protagonista en cualquier dirección, por más trivial que sea, parece que va a alterar ese flujo y cambiar el molde, va a modificar lo que será escrito más adelante, en el futuro, cuando las cosas se calmen y se pueda escribir más distendido sobre eso, cuando estamos leyendo acerca de eso. Pero cada vez que llega ese momento, Fogwill ya estuvo ahí.

Fogwill was here, there, everywhere

(1) = En este conocido artículo.

(2) = Se lo preguntan o recuerdan en esta entrevista.

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