Sobre las Obras Completas

Todo autor tiene sus obras completas, y casi me da pudor mencionar que ese es el grupo de obras que ha terminado (pero es de peso para el argumento). Sin embargo, es notable que un autor aún vivo pueda publicar sus Obras Completas, así, en mayúsculas. Deberían llamarse Obras Hasta Ahora, o incluso Obras Terminadas; la diferencia es meramente connotativa –Obras Completas es una frase hecha, una frase que automáticamente implica a todas las obras que durante su vida escribió tal autor, mientras que obras terminadas, menos hecha hasta ahora, implica que hay obras terminadas pero que la obra (esta palabra singular y de más de un modo colectiva) de un autor no lo está. “Policial” no es un mero adjetivo; levanta en la mente una serie de asociaciones, métodos, dinámicas, enigmas y nombres familiares.

Construí el párrafo anterior simplemente para llegar a esta sugerencia: las Obras Completas son un género literario. Un género es la focalización de una obra narrativa en un único aspecto de lo que suponemos como realidad (y es nuestra percepción simultánea de todos los focos posibles que tienen el mundo y la existencia humana). Así, cuando leemos por ejemplo una novela policial necesitamos (que haya un misterio, una figura que deduce, una aproximación lenta y metódica hacia una solución no evidente, pero no necesitamos una descripción nostálgica de ciertas aldeas del siglo anterior. En la ciencia-ficción clásica de Asimov y Clark, y en la pretérita de Wells y Verne (porque ya la ciencia-ficción se ha convertido en algo más complejo que un solo género o dos, algo que merece una nota aparte), la interacción con tecnología excitante, imposible, no puede faltar (de esto hablaba cuando hablaba sobre la nota aparte) o el relato simplemente no pertenece al género. En un género, para llegar a lo que quiero apuntar, ciertos aspectos pueden ser limpiamente separados del cuerpo del texto (tecnología, patrones de comportamiento asesino, ciertos ambientes, rasgos de caracterización, etcétera). Una obra completa (ya planteada como género, no necesita ir en mayúsculas) también crea una ilusión compleja: el foco se cierra sobre un mero escritor y se abole la categoría de tiempo, con la convención de que los textos estén ordenados de primero a último o, menos frecuentemente, de último a primero, y de última en alguna clase de sistema que tiene que ver con una vida que pasó, y la de espacio, en el sentido de los otros escritores que existieron, con excepción de quienes aparecen en los artículos como sus precursores o admirados o enemigos –pero solamente quienes están relacionados al personaje de este protagonista. La obra completa requiere de una manera de afrontar la lectura, sin los intersticios temporales, históricos, entre publicación y publicación, entre evento y evento, que siempre son en realidad parte de la misma obra. Las obras completas requieren de un acercamiento previo al autor, porque no deja entrever cómo el autor en cuestión no es el mismo de libro a libro, en la vida pública y privada, en su conciencia y en la conciencia colectiva.

Así, por ejemplo, leí a Borges por primera vez. Un personaje que atravesó un enorme siglo (el siglo 20 parece más vasto que muchos otros) y dejó su marca pública; yo apenas cursaba sexto grado de la primaria cuando murió, no fui conciente de su numerosa vida pública. Desde Fervor de Buenos Aires, siempre fue el mismo. Digo esto en el sentido de que siempre tuvo el mismo rostro, la misma fama, la misma edad. Sólo a través de biografías y documentos secundarios pude comenzar a reconstruir los numerosos recorridos que las obras completas pretenden dejar grabados en papel.

El género de las obras completas tiene como primer requisito la familiaridad con el escritor. El escritor es el protagonista de este género, y este género tiene como tema la apoteosis del escritor, su valor en cierta medida indiscutible en la historia cultural que le corresponde.

El próximo paso es hacer notar dos curiosidades del género. La primera: al contrario que los otros géneros, este no está construido por las palabras que leemos. ¿Qué trato de decir? Una historia de ciencia ficción debe desarrollar una historia de ciencia ficción para ser concebido como una historia de ciencia ficción (vuelvo a estos géneros porque son más sencillos de integrar, al menos en sus estereotipos). Elemental. Este otro género es más cómplice: narra la historia de cómo el autor llega a su apoteosis, pero indirectamente. Salvo por algún ocasional prólogo del mismo autor (porque cualquier intromisión de otras manos queda afuera del género, no pertenece), las obras completas no tienen textos desarrollados a propósito para desarrollar esta historia que ata a todas las otras. Este género requiere de familiaridad con el autor porque la mera presentación ordenada de todas las piezas que escribió o publicó el autor son el testimonio de su camino hacia la apoteosis.

Hay un error en esta afirmación, pero leve y suculento: en el caso de este género, las modificaciones, aggionamientos, supresiones, agregados, a los textos, nunca son solamente eso, sino otras técnicas, tal vez las más directas, para plantar un texto hecho ad hoc para este género. Este hábito es completamente esperable, es una práctica convencional. De hecho, uno de los principales “juegos” que plantea el género de las obras completas es la comparación con ejemplares publicados más “naturalmente”, durante el desarrollo real de la carrera del escritor. Voviendo a Borges por una oración, él, viejo zorro, por supuesto lo sabía y no es casualidad que este maestro de los géneros y de la intuición retocara tanto sus obras completas hasta el punto que, para algunos extremistas, sólo son válidas como textos diferentes a los originales : existen (al menos) dos fervores de Buenos Aires, dos discusiones (una temprana, visible y tal vez extensa; la otra hecha de silencio y conocimiento anterior o complicidad de lector), porque existen dos Borges.

La segunda afirmación es que los únicos textos que verdaderamente narran este camino de escritor primerizo a escritor genial a escritor sin el cual nuestra cultura no puede ser concebida, son justamente los que este género requiere que el lector ya conozca de antemano. Estos textos son la convención del género, la complicidad implícita entre obra y lector (todo género es cómplice porque tiene convenciones, que son simplemente conocimientos sobre el tema que el lector trae de antemano para disfrutar mejor de la obra). Como todo género, el de las obras completas 1) presenta un cuerpo textual literal, escrito por el autor, 2) implica un meta texto, una experiencia previa del lector, que son esos otros textos de la realidad que le dan conocimiento sobre todo lo que ocurrió alrededor de esos textos durante el tiempo y que ayudan a sentar las convenciones del género y 3) contiene una historia secreta, siempre en esencia la misma, que sólo es posible reconstruir a través del texto y el meta texto y que señala a algo más allá del texto literal, lo cual lleva al punto 4. El punto 4 es el que señala que las obras completas, porque tienen una intención, porque pueden ser retrabajadas, porque abolen categorías temporales y espaciales, son una ilusión –no son lo mismo que los libros sueltos publicados a través del tiempo por el autor o sus cercanos. Una ilusión o, dicho literariamente, una ficción. Y, en cierta medida, son aun una ficción no solo sobre los libros (que pueden estar alterados físicamente, pero siempre lo están temporal y espacialmente, la sensación de que todo está a mano cuando en realidad eso nunca sucedió) sino sobre el mismo autor, que a través de estas ficciones que son sus obras completas se convierte en un personaje, un mito, un protagonista de su propia obra o más bien creado a través de su propia obra; tal vez culmina o justifica o destruye todo lo que construyó en su vida pero, por sobre todo, es como si cada pieza que colocó durante su vida ahora pudiera ser vista con una perspectiva diferente, como si todo pudiera ensamblarse en un edificio de uno, dos o veinte volúmenes, pero ya no en el caos irremediable que es la realidad temporal y espacial en que fueron inventadas. La ficción de que la literatura y sus autores buscan acercarse a un fin último. Y eso es una convención de género.

Por eso, el género de las obras completas (estén completas o no aún, aunque las incluidas estén terminadas) requiere de un lector cómplice, informado, y hace que todos los libros publicados por separado ahora hallen una dimensión mayor, un máximo nivel narrativo, que incluye en cada página la historia secreta de su propio autor.

No intento llegar a ninguna conclusión, pero todo lo expuesto desemboca en un tercer tema que anuda flojamente a los otros. Es un tema muy vasto que apenas estoy empezando a investigar: el espacio que existe entre texto y texto. Un espacio a primera vista vacío, pero que incluye la temporalidad del lector, los eventos históricos, juegos como la espera, que literalmente fuerzan al lector a llenarlos con una narración que hasta cierto punto sólo le pertenece a él. Las escrituras episódicas –hablo de formatos como las series de TV, los cómics semanales y otras formas– no son diferentes hasta donde puedo ver. Pero aún no estoy listo para abordar semejante tema más que incidentalmente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: