Los posnucleares, de Lola Arias

Un libro escrito o espolvoreado con radiación nuclear. Un libro al que estás expuesto mientras dura. Cuando ha logrado contaminarte, le deja a tus huesos una fosforescencia en la oscuridad. Así es el libro de relatos de Lola Arias. Lo leí hace algunos meses, pero siguen regresando imágenes y frases sueltas del libro. Si me pasaran por un contador Geiger, la aguja se iría a las nubes. Es un libro de relatos extraños, o vagos, aunque asoma una precisión tremenda en cada frase. Tal vez, en realidad sea un libro sobre personajes disfrazados de relatos, lo que no será raro pensando que Lola Arias también es directora, dramaturga y (creo que) actriz. (También es música y compositora, y cada vez soy más parcial a este tipo de autores múltiples, o de autoría híbrida a lo Vian o en el fondo a lo da Vinci). Roben este libro.

 Los posnucleares somos gente real

Rabia, de Sergio Bizzio

Leer capítulo 1 

En el siglo 18, la casa, el castillo (la de Rochester en Jane Eyre, el del conde en Dracula, etc) es una figuración de la mentalidad de su dueño más que del ser fantasmal que ahí pena; en esa configuración, el altillo es lo que se esconde de la vista de los demás: los trapitos sucios, lo reprimido, el lado oscuro de la alfombra. Y el fantasma no es más que un aspecto de ese altillo y de ese dueño.

Bizzio hizo de eso –de esa combinación de una psicología del habitar, de castillo de Otranto con mansión contemporánea– un relato social argentino, y a la vez un relato de fantasmas, y de paso el relato de un sobreviviente, de Robinson Crusoe (apropiarse de un territorio) y a la vez un clásico relato de generación del noventa, es decir un relato con todo y también un género, y no puedo dejar de pensar que el verdadero protagonista de la novela no es quien parece ser (Juan María) sino que es colectivo: una sociedad (alta y liviana, ausente y desconocedora de su propia casa-mente) que lee Tus zonas erróneas, se va de vacaciones y hace las cosas que siempre hizo, sólo que parece un poco más ausente.

Ya esto habría bastado. Pero hay algo más en la trama, una serie de detalles, otra lectura posible. (Por supuesto, lo que sigue está plagado de spoilers). Porque se cruza un género más, el género telenovela, la versión bastarda de los mismos géneros que se venían trabajando en la lectura anterior. Y el protagonista de nuevo parece no ser quien parecería se a primera vista.

La historia de Juan María es muy llevadera pero en cierto momento uno debería dudar un poco de algo, aunque no se esté seguro de qué (se esconde por años en la casa de los patrones de Rosa para que la cana no lo encuentre –mató gente– y mientras vive ahí la vigila continuamente, sigue su vida, se vuelve fantasma, padre, muchas cosas).Dudas sobre el relato en sí, sobre el narrador detrás del narrador. Hablo de cosas que, al dudar, empiezan a formar una figura coherente. Como los aspectos femeninos de Juan María, por ejemplo. O la distancia continua entre Rosa y Juan María, como si uno solo de ellos pudiera existir a la vez. El hecho de que el bebé llame “mamá” a su papá (JM). Las tremendas, o tremendistas, hazañas de sigilo y aventura de Juan María, todos esos años. Donde todo explota es en el descubrimiento final, una escena casi tomada del Quijote, pero más bien de un montón de telenovelas que imitan al Quijote, a Bovary, al Romanticismo. Bizzio, si alguna vez leés esto, ¿Rosa inventa a Juan María?

Brillante novela, si la opinión sirve de algo.

Los sueños que no tienen copyright

Este libro de Cecilia Pavón…

…muerde la punta de los dedos cuando lo abrís:

Parece que la mordida es suave, apenas se apoya la punta de los dientes, y hay una ligera presión que casi hace cosquillas y casi te pone los ojos en blanco. Pero después te descubrís la marca roja en las yemas, como para recordarte por dónde anduviste.

No sé, quiero evitar un comentario literario y quedarme con la sensación pura de haber leído este libro por tercera vez y que me hizo descubrir otras escrituras amigas que son como flores. (Es una forma nueva para mí de reaccionar frente a lo que leo, muy poco pulida todavía).

Eso sí, algo sobre la manera en que están planteados los finales de estos textos te deja como en un descampado, a la intemperie, desamparado. ¿Cómo lo hace?