Llegó El hacedor (de Fernández Mallo)

La anteúltima copia disponible en el planeta, la última vez que me fijé en Amazon, es esta.
(Memo: subir una foto lo antes posible).
Ahora es cuestión de terminar de leerlo. Y pensar. Hay mucho para pensar.

Tendría que plantear un curso de procedimientos alrededor de este libro.

El hacedor y la deshacedora

Primero, el asunto. http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/2198/Los_escritores_apoyan_a_Fernandez_Mallo

Agustín Fernández Mallo en el ciclo ‘Textropías, (des) ordenes narrativos, redes poéticas, colisiones sonoras’, desarrollado en el marco del Centro de las Artes de Sevilla

En el Fernandezmallogate, o más bien el Kodamagate, porque hay que ver quién representa lo espantoso del asunto, apoyo la carta del CCEBA que también se puede leer en http://hablandodelasunto.com.ar/?p=14785

A mirarlo bien, porque este libro “dejaráde existir tal y como ahora está concebido”

La única respuesta que se me ocurre ante http://guyazi.blogspot.com/2011/10/fernandez-mallo-vs-kodama-y-el-ocaso-de.html es que la literatura aún vive de rentas, y quizás ese mundo es al que representa y del que deberían empezar a alejarse los escritores que sí escriben los libros que citamos, que generan cultura.

El señor Barriga

Un video donde Agustín Fernández Mallo habla de su libro El hacedor (de Borges), incluyendo el prólogo del libro.

http://www.elpais.com/videos/cultura/hacedor/Borges/Remake/elpvidcul/20110215elpepucul_1/Ves/

Acá hay un par de videos que complementan textos del libro.

Borges y yo: http://www.youtube.com/watch?v=Y5CFHLjv1xs

Los Borges (experimento sonoro): http://www.youtube.com/watch?v=jSmSBlS_hgs

A uno le puede gustar o no lo que hace Fernández Mallo. Yo no lo quiero como mártir. Pero tampoco como esto.

Y también pueden censurarme el post, si el problema es la técnica del ensamble y la remezcla. Porque es claro que yo no filmé ni uno de estos videos, ni realicé ninguna cobertura periodística para enterarme del asunto. Ni siquiera lo dibujé yo al señor Barriga. Y sin embargo esta es una de las prácticas culturales más difundidas del planeta y si alguien recién se entera entonces bienvenido a este mundo. Aunque en realidad no tengo nada de razón: hay otra práctica muchísimo más difundida que esta. La que representan y llevan a cabo los terratenientes de la propiedad intelectual en nombre del arte.

Los posnucleares, de Lola Arias

Un libro escrito o espolvoreado con radiación nuclear. Un libro al que estás expuesto mientras dura. Cuando ha logrado contaminarte, le deja a tus huesos una fosforescencia en la oscuridad. Así es el libro de relatos de Lola Arias. Lo leí hace algunos meses, pero siguen regresando imágenes y frases sueltas del libro. Si me pasaran por un contador Geiger, la aguja se iría a las nubes. Es un libro de relatos extraños, o vagos, aunque asoma una precisión tremenda en cada frase. Tal vez, en realidad sea un libro sobre personajes disfrazados de relatos, lo que no será raro pensando que Lola Arias también es directora, dramaturga y (creo que) actriz. (También es música y compositora, y cada vez soy más parcial a este tipo de autores múltiples, o de autoría híbrida a lo Vian o en el fondo a lo da Vinci). Roben este libro.

 Los posnucleares somos gente real

Rabia, de Sergio Bizzio

Leer capítulo 1 

En el siglo 18, la casa, el castillo (la de Rochester en Jane Eyre, el del conde en Dracula, etc) es una figuración de la mentalidad de su dueño más que del ser fantasmal que ahí pena; en esa configuración, el altillo es lo que se esconde de la vista de los demás: los trapitos sucios, lo reprimido, el lado oscuro de la alfombra. Y el fantasma no es más que un aspecto de ese altillo y de ese dueño.

Bizzio hizo de eso –de esa combinación de una psicología del habitar, de castillo de Otranto con mansión contemporánea– un relato social argentino, y a la vez un relato de fantasmas, y de paso el relato de un sobreviviente, de Robinson Crusoe (apropiarse de un territorio) y a la vez un clásico relato de generación del noventa, es decir un relato con todo y también un género, y no puedo dejar de pensar que el verdadero protagonista de la novela no es quien parece ser (Juan María) sino que es colectivo: una sociedad (alta y liviana, ausente y desconocedora de su propia casa-mente) que lee Tus zonas erróneas, se va de vacaciones y hace las cosas que siempre hizo, sólo que parece un poco más ausente.

Ya esto habría bastado. Pero hay algo más en la trama, una serie de detalles, otra lectura posible. (Por supuesto, lo que sigue está plagado de spoilers). Porque se cruza un género más, el género telenovela, la versión bastarda de los mismos géneros que se venían trabajando en la lectura anterior. Y el protagonista de nuevo parece no ser quien parecería se a primera vista.

La historia de Juan María es muy llevadera pero en cierto momento uno debería dudar un poco de algo, aunque no se esté seguro de qué (se esconde por años en la casa de los patrones de Rosa para que la cana no lo encuentre –mató gente– y mientras vive ahí la vigila continuamente, sigue su vida, se vuelve fantasma, padre, muchas cosas).Dudas sobre el relato en sí, sobre el narrador detrás del narrador. Hablo de cosas que, al dudar, empiezan a formar una figura coherente. Como los aspectos femeninos de Juan María, por ejemplo. O la distancia continua entre Rosa y Juan María, como si uno solo de ellos pudiera existir a la vez. El hecho de que el bebé llame “mamá” a su papá (JM). Las tremendas, o tremendistas, hazañas de sigilo y aventura de Juan María, todos esos años. Donde todo explota es en el descubrimiento final, una escena casi tomada del Quijote, pero más bien de un montón de telenovelas que imitan al Quijote, a Bovary, al Romanticismo. Bizzio, si alguna vez leés esto, ¿Rosa inventa a Juan María?

Brillante novela, si la opinión sirve de algo.

El futuro de las librerías

En todo rubro, en especial artístico, los actores de esa categoría tarde o temprano se ponen a pontificar sobre el mercado. Supongo que el punto, en el fondo es explorar esta pregunta, hacerse esta pregunta en público: ¿Las condiciones de producción (literarias, en nuestro caso) afectan o no el formato mismo del producto? ¿Hasta qué punto puede el productor involucrarse directa y económicamente con esta producción? Hay quienes dicen que a) sí y b) hasta las manos, y quienes todavía levantan una ceja colectiva.
Se ve ya la ola, hace un tiempo, del ebook, conformada a lo largo de años y de deseos acumulados (antes de la existencia del mp3 ya se hablaba sobre esto) y ambición por millones y millones gastados en desarrollo de ideas, de tecnologías, marketing … La que se viene, uf.
A mí todavía me pone un poco nervioso que el dueño de las tecnologías termine siendo el nuevo librero de mi barrio. Más